- La Raspberry Pi permite crear un túnel seguro para acceder a la red local desde cualquier lugar del mundo.
- Existen dos enfoques principales: montar un servidor propio para entrar en casa o instalar un cliente para navegar por internet de forma anónima.
- Herramientas como PiVPN simplifican drásticamente la gestión de certificados y la instalación de protocolos como OpenVPN.
- El hardware influye en el rendimiento, siendo la Raspberry Pi 4 la opción ideal gracias a su puerto Gigabit Ethernet.
Seguro que has oído hablar de convertir una Raspberry Pi en un túnel VPN para dejar de pagar mensualidades a proveedores externos o para tener un acceso remoto seguro. La idea es básicamente transformar este pequeño ordenador en un puente que cifre tus datos, permitiéndote navegar como si estuvieras en el sofá de tu casa aunque estés a miles de kilómetros de distancia.
Lo más interesante es que este dispositivo es súper versátil y puede hacer varias cosas a la vez, como funcionar como un bloqueador de publicidad con Pi-hole y, al mismo tiempo, gestionar la VPN. Dependiendo de lo que busques, puedes querer que todo el tráfico de tu hogar pase por una IP extranjera para saltarte bloqueos geográficos o simplemente querer entrar en tu red local para manejar una impresora o archivos personales sin exponerlos a todo internet.
Diferencia entre Servidor y Cliente VPN

Antes de meterle mano al hardware, hay que dejar algo claro: no es lo mismo montar un servidor que un cliente. Un servidor VPN instalado en tu LAN sirve para que, desde el exterior, te conectes a tu casa de forma cifrada. Esto es canela en rama para trabajar con datos sensibles o bancarios en redes WiFi públicas, ya que los hackers no podrán espiar el tráfico que viaja por ese túnel seguro.
Por otro lado, instalar un cliente VPN en la Raspberry Pi sirve para que los dispositivos de tu red salgan a internet a través de un proveedor externo (como NordVPN o ProtonVPN). Esto es ideal si quieres ver catálogos de Netflix de otros países o evitar que tu operador de internet sepa qué páginas visitas. La ventaja de usar la Pi en lugar de instalar la app en cada móvil o tele es que puedes decidir qué tráfico va por la VPN y cuál sigue la ruta estándar, evitando que la conexión se vuelva lenta en sitios donde no la necesitas.
Hardware recomendado y rendimiento

Si te lo puedes permitir, tira directamente a por una Raspberry Pi 4 o 5. ¿Por qué? Principalmente por el puerto Ethernet. Mientras que modelos antiguos crean un cuello de botella, la Pi 4 alcanza los 1000Mbit/s, aprovechando al máximo las conexiones de fibra actuales. Si usas una Pi 3B+, irás bien, pero recuerda que su velocidad real ronda los 300Mbit/s.
En cuanto a la memoria, 4GB de RAM suelen ser más que suficientes para gestionar el tráfico de red. Sin embargo, ten cuidado si planeas hacer cosas más pesadas, como montar un servidor de medios con Plex para transcodificar vídeo mientras la VPN está activa; ahí la RAM se te puede quedar corta y la máquina empezará a sufrir. Para optimizar el rendimiento, algunos usuarios recurren a zram con algoritmo zstd para aliviar la carga de la memoria real.
Instalación paso a paso con PiVPN

Montar OpenVPN a mano es un dolor de cabeza porque hay que generar la Autoridad Certificadora (CA), claves TLS y certificados para cada cliente. Para no volverse loco, lo mejor es usar PiVPN, que automatiza todo el proceso sucio. Primero, necesitas instalar Raspberry Pi OS (preferiblemente de 64 bits) y activar el acceso SSH para manejar la máquina desde tu PC.
Una vez dentro de la terminal, el proceso es sencillísimo ejecutando el comando de instalación curl -L https://install.pivpn.io | bash. Durante la configuración, es fundamental asignar una IP fija a la Raspberry Pi para que no cambie y el servidor sea siempre localizable. También necesitarás configurar un DNS dinámico (DynDNS o No-IP) si tu operador no te da una IP pública estática.
Configuraciones avanzadas y red
Si tu objetivo es que la Raspberry Pi actúe como puerta de enlace para otros dispositivos, deberás jugar con las reglas de iptables para hacer NAT (masquerade) y permitir el reenvío de paquetes entre la interfaz tun0 y la eth0. Esto permite que cualquier dispositivo al que le configures la IP de la Pi como gateway salga automáticamente por la VPN.
No olvides que, para que esto funcione desde fuera de casa, debes abrir los puertos correspondientes en tu router y dirigir el tráfico hacia la IP de la Pi. Además, para mejorar la privacidad, es muy recomendable integrar DnsCrypt y así evitar que las consultas de DNS queden expuestas. Recuerda que, aunque PiVPN es genial para el acceso remoto, no oculta tu IP pública ante los sitios web; para eso necesitas contratar un servicio de VPN premium que cifre tu salida a la red global.
Montar este sistema te da un control total sobre tu privacidad y el acceso a tus archivos, permitiéndote elegir entre una configuración de servidor para entrar en casa o un cliente para navegar protegido, siempre optimizando el hardware según la carga de trabajo y asegurando la red mediante certificados y túneles cifrados.