- El DNS privado cifra únicamente las peticiones de nombres de dominio para evitar el rastreo del ISP, mientras que la VPN protege la totalidad del tráfico de red.
- Una VPN oculta la dirección IP real y permite cambiar la ubicación geográfica, ofreciendo un nivel de anonimato muy superior al de cualquier configuración DNS.
- Aunque son complementarias, activar un DNS privado junto a una VPN puede provocar filtraciones de datos, siendo preferible confiar en los servidores DNS del propio proveedor VPN.
Cuando nos metemos en el mundo de la seguridad online, es normal que nos bombardeen con siglas como VPN o DNS y que al final no tengamos ni idea de qué es cada cosa. La realidad es que, aunque ambas herramientas nos ayudan a que no nos espíen tanto mientras navegamos, funcionan de formas totalmente distintas y sirven para objetivos diferentes.
Para que no te den gato por liebre, vamos a desgranar a fondo cómo opera cada tecnología. No se trata solo de ocultar nuestra IP o cambiar un servidor, sino de entender quién tiene acceso a nuestra información y cómo podemos blindar nuestra conexión para que el proveedor de internet o algún curioso no sepa exactamente qué estamos haciendo en la red, siguiendo una guía práctica para protegerte.
¿Qué es exactamente el DNS y por qué puede ser un problema?

Para entender el DNS privado, primero hay que saber que el DNS (Sistema de Nombres de Dominio) es como la agenda telefónica de Internet. Los ordenadores no entienden nombres como «google.com», sino que se comunican mediante direcciones IP (números complejos como 142.251.35.100). El DNS se encarga de traducir el nombre que escribimos en la URL a la dirección IP correspondiente para que podamos cargar la web.
El problema viene porque, por defecto, usamos el DNS de nuestro operador (ISP). Esto significa que el ISP sabe exactamente a qué páginas entramos, ya que todas nuestras consultas pasan por sus servidores. Además, muchos gobiernos aprovechan esto para aplicar censura, bloqueando el acceso a ciertos sitios simplemente impidiendo que el DNS resuelva la dirección de esa web.
El DNS Privado: Un candado para tus consultas

Un DNS privado es, básicamente, sustituir el servidor de nuestro operador por uno de un tercero que respete más nuestra privacidad. Pero el verdadero salto se da con el cifrado. Tradicionalmente, las consultas DNS viajan en texto plano, lo que las hace fáciles de leer. El DNS privado utiliza protocolos como DoH (DNS over HTTPS) o DoT (DNS over TLS) para poner un cifrado a esas peticiones.
Gracias a esto, el ISP ya no puede ver fácilmente qué sitios estamos visitando porque la petición va «cerrada en un sobre». Existen servicios muy conocidos como Cloudflare (1.1.1.1) o Quad9 que ofrecen estas ventajas. Además, algunos DNS permiten filtrar contenido malicioso o bloquear publicidad antes incluso de que la página llegue a cargar, lo que añade una capa extra de seguridad contra el phishing.
La VPN: El túnel de seguridad total

Si el DNS privado es un candado para la agenda, la VPN (Red Privada Virtual) es un túnel blindado para toda nuestra conexión. Una VPN no se limita a traducir nombres; cifra absolutamente todo el tráfico que sale y entra en nuestro dispositivo. Esto incluye las peticiones DNS, los datos de las aplicaciones, los correos y el contenido de las webs que visitamos.
La gran ventaja de la VPN es que oculta nuestra dirección IP real y la sustituye por la del servidor al que nos conectamos. Esto nos permite no solo ser anónimos, sino también engañar a las webs sobre nuestra ubicación geográfica para acceder a contenidos restringidos en nuestro país. Mientras que el DNS privado solo protege la «pregunta» de dónde está una web, la VPN protege todo el viaje de los datos desde nuestro equipo hasta el destino.
SmartDNS: Una alternativa enfocada al contenido

Existe también el SmartDNS, que es una mezcla entre un servidor DNS y un proxy. Su objetivo principal no es la seguridad, sino saltarse los bloqueos geográficos de plataformas de streaming. Lo hace redirigiendo solo las partes de la conexión que revelan nuestra ubicación, sin cifrar el tráfico.
Es una opción muy popular porque es más rápida que una VPN al no tener que procesar el cifrado de los datos, y es compatible con dispositivos que no aceptan VPNs, como algunas Smart TV o consolas de videojuegos. Sin embargo, es importante dejar claro que el SmartDNS no ofrece privacidad ni anonimato, ya que nuestra IP original sigue siendo visible.
Comparativa directa: VPN frente a DNS Privado
- Seguridad: La VPN gana por goleada ya que ofrece un cifrado de grado militar para todo el tráfico, mientras que el DNS privado solo cifra la resolución de nombres.
- Privacidad: Con una VPN, el ISP no sabe ni siquiera que estás conectado a un servicio concreto, solo ve tráfico cifrado hacia un servidor. Con el DNS privado, el ISP sigue viendo que te conectas a ciertas IPs.
- Velocidad: El DNS privado es prácticamente invisible en cuanto a rendimiento. La VPN puede ralentizar un poco la conexión debido al proceso de cifrado y a la distancia del servidor.
- Compatibilidad: Cambiar el DNS es sencillísimo y funciona en casi cualquier aparato. La VPN suele requerir una app, aunque se puede instalar en routers compatibles.
¿Se pueden usar ambos a la vez?
Aquí es donde mucha gente se confunde. Aunque parece lógico sumar capas de seguridad, usar un DNS privado externo junto a una VPN puede ser contraproducente. La mayoría de las VPN de calidad ya tienen sus propios servidores DNS optimizados que viajan dentro del túnel cifrado.
Si configuramos un DNS privado manualmente, corremos el riesgo de sufrir una filtración de DNS (DNS leak), que ocurre cuando las peticiones se escapan del túnel de la VPN y vuelven a pasar por el ISP. Por eso, lo más recomendable es dejar que la VPN gestione todo el proceso para garantizar que no quede ningún rastro de nuestra actividad fuera del cifrado.
Cómo configurar estas herramientas en tus dispositivos
Para activar un DNS privado en Android, basta con ir a Redes e Internet y buscar la opción de DNS privado para introducir el host del proveedor. En Windows o Mac, se hace a través de la configuración de red de la tarjeta Wi-Fi o Ethernet, cambiando las direcciones IP del DNS por unas como las de Google (8.8.8.8) o Cloudflare.
En el caso de la VPN, lo más habitual es descargar la aplicación oficial del proveedor, iniciar sesión y elegir el servidor del país que prefieras. Para quienes quieran proteger toda su casa, la opción es configurar la VPN directamente en el router, aunque esto requiere conocimientos técnicos más avanzados y un equipo compatible.

